viernes, 20 de octubre de 2017

La masa desaparecida: explican una anomalía gravitacional en el océano Índico

La Tierra no tiene una forma perfecta, sino que se parece más a una patata, por lo que los niveles de gravitación de su superficie difieren debido a la distribución desigual de la masa en sus profundidades.

Esa circunstancia provoca variaciones en la gravedad de algunos lugares de nuestro planeta, conocidas como 'anomalías del geoide'. Uno de los puntos donde es más baja se conoce como Geoide Bajo del Océano Índico (IOGL, por sus siglas en inglés).

El lugar es bastante amplio: se extiende por el sur de Sri Lanka y su punto más profundo está a -106 metros. Se trata de "uno de los problemas más destacados" de la ciencia terrestre y, "hasta el momento, no existe un consenso sobre su origen", comentó Attreyee Ghosh, profesora adjunta en un centro del Instituto Indio de Ciencia (Bangalore, India).

Esa circuntancia está provocada por "un déficit de masa en lo profundo del manto", según considera esta especialista que, junto a varios colegas, publicó un estudio en el que explican la anomalía.

En su trabajo, esos investigadores utilizaron modelos numéricos de la convección del manto delaTierra, un movimiento en que el fluido más caliente y leve se eleva hacia la superficie, mientras el más frio y denso se hunde. El análisis mostró que el material más ligero en la parte superior sería responsable de la existencia del IOGL.

Normalmente, las anomalías de este tipo están provocadas por las plumas mantélicas que elevan el material caliente pero, en este caso, no se encontró ninguna en los alrededores. Finalmente, estos especialistas concluyeron que procedía de la superpluma africana, que se desvía hacia el este y termina bajo el IOGL.


Fuente:   RT Actualidad

El telescopio espacial Hubble se está cayendo

De forma parecida a lo que sucede con la estación espacial china Tiangong-1, aunque no de manera tan inminente, el telescopio espacial Hubble también va camino de una “reentrada descontrolada”, según Forbes,

Actualmente el Hubble orbita la Tierra a una altitud media de 568 kilómetros. Normalmente la frontera entre la atmósfera de la Tierra y el espacio lo situamos a unos 100 kilómetros de altitud, pero en la práctica ese límite es mucho más complicado que esa definición. En realidad la atmósfera no termina nunca, sino que sencillamente con la altura se diluye con los átomos y moléculas que están gravitacionalmente unidas a la Tierra extendiéndose a alturas de hasta 10.000 km. Más allá de ese punto, la atmósfera de la Tierra es indistinguible del viento solar, ambos formados de átomos tenues y calientes y de partículas ionizadas.

Esto significa que a los 568 kilómetros a los que se encuentra el Hubble el telescopio está en contacto con moléculas que son parte de la atmósfera terrestre, la termosfera. Ese contacto o colisión constante afecta a la órbita del Hubble, que se mueve a 8 kilómetros por segundo. “Con cada colisión que se produce entre el Hubble y las moléculas de aire se produce una imperceptible alteración en la velocidad del Hubble.”

A corto plazo esto no supone un cambio apreciable, pero con el tiempo sí: “La pérdida de altitud y de velocidad significa que, muy lentamente, el Hubble comenzará una espiral de caída hacia la Tierra.” Y cuanto más cae más se acelera su caída, “y el telescopio es demasiado grande como para simplemente arder en la atmósfera.” Eso sin contar con la gran pérdida que resultaría para la ciencia.

En el pasado las misiones de mantenimiento del Hubble incluían la tarea de “impulsarlo” a órbitas más altas, con el fin de mantenerlo en su sitio más tiempo. Sin embargo, sin un vehículo de servicio reutilizable con tripulación como el transbordador espacial esto actualmente no es posible. A menos que se desarrolle un nuevo método para recolocar el telescopio en su órbita la era del Hubble, el observatorio astronómico más importante de la humanidad, llegará a su fin sin grandes ceremonias.
Pero con qué fuegos artificiales.


Fuente:   Microsiervos

Descubren una cueva gigantesca en la Luna


Un equipo de investigadores de la Agencia Espacial Japonesa acaba de hacer un descubrimiento excepcional: una enorme cueva en la Luna que un día, afirman los científicos, podría servir de “hogar” para los astronautas de una futura colonia, que podrían así protegerse de los peligros de la radiación solar y las bajas temperaturas reinantes en nuestro satélite.

Los datos del orbitador lunar Selene, en efecto, han confirmado la existencia de una gigantesca caverna de 50km de largo y más de 100 metros de ancho, un largo tubo de lava formado por la actividad volcánica hace cerca de 3.500 millones de años. El hallazgo acaba de publicarse en Geophysical Research Letters.

“Sabíamos algo de estos lugares, que se creía que eran tubos de lava - explica Junichi Haruyama, , investigador de la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial-, pero su existencia no había sido confirmada hasta ahora”.

El gigantesco túnel subterráneo, localizado bajo las llamadas Colinas de Marius, podría ayudar a proteger a los astronautas de los bruscos cambios de temperatura y de la intensa radiación a la que se verían expuestos sobre la superficie lunar. “Hasta ahora -explica el científico- no hemos podido ver el interior de la cueva, por lo que tenemos grandes esperanzas de que cuando se explore se revelarán muchos más detalles”.

El pasado mes de junio, Japón reveló, en efecto, sus planes de llevar hombres a la Luna en el año 2030. Para ello, la primera fase sería una misión conjunta con la NASA para construir, en 2025, una estación espacial en la órbita lunar, como parte de los planes de la agencia norteamericana para llegar a Marte. Por supuesto, también la NASA enviará sus propios astronautas a la Luna, y esta vez, según afirmó hace apenas unas semanas el vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence, “no solo para dejar allí huellas y banderas, sino para poner las bases de lo que necesitamos para enviar astronautas americanos a Marte y más allá”.


Fuente:   ABC Ciencia

Una de las más espectaculares lluvias de meteoros llega a su apogeo la noche del viernes

Una de las lluvias de meteoros más espectaculares del año, las Oriónidas ―causada por 'desechos' del cometa Halley― llegará a su apogeo la noche de este viernes, reporta el portal Space.com. Según el medio, sus meteoros son algunos de los más rápidos y brillantes entre las lluvias de meteoritos, porque la Tierra se enfrenta casi de frente a una corriente de partículas.

La lluvia de estrellas Oriónidas, que comenzó el 2 de octubre y continuará hasta el 7 de noviembre, tendrá su mejor visión la noche entre el 20 y el 21 de octubre, justo antes de la madrugada, cuando se podrá observar entre 15 y 30 meteoros por hora. Este año, la luz de la Luna no impedirá la observación del impresionante espectáculo.

De acuerdo con Bill Cooke, especialista de la NASA en meteoros, las Oriónidas pueden alcanzar hasta 238,000 kilómetros por hora en velocidad relativa. Eso es tan solo 6 kilómetros por hora más lento que la lluvia más rápida del año, las Leónidas.

La lluvia de meteoros será visible desde cualquier lugar de la Tierra y se podrá observar a simple vista, sin necesidad de binoculares ni telescopios, señala el medio. Para una mejor observación se recomienda alejarse de la contaminación lumínica de la ciudad.  

Fuente:   RT Actualidad

viernes, 22 de septiembre de 2017

Confirman que los rayos cósmicos vienen de más allá de nuestra galaxia

Llegan de lo más profundo del espacio casi a la velocidad de la luz, y golpean continuamente la Tierra con una energía cien veces mayor que la de nuestros más poderosos aceleradores. No son partículas individuales, sino núcleos atómicos completos, que al llegar a la atmósfera provocan auténticas cascadas de partículas que "riegan" la superficie del planeta. Los rayos cósmicos de alta energía se conocen desde hace más de 50 años, pero están rodeados de profundos misterios. Nadie sabe de dónde vienen, ni siquiera si proceden de dentro o de fuera de nuestra propia galaxia. Y tampoco se sabe qué tipo de evento o catástrofe cósmica es capaz de acelerar un núcleo atómico completo hasta una velocidad cercana a la de la luz.

Ahora, y tras doce años de estudio ininterrumpido, un consorcio internacional compuesto por más de 400 investigadores de 18 países y 100 instituciones diferentes ha conseguido, por primera vez, confirmar que los rayos cósmicos de alta energía que bombardean la Tierra se originan fuera de nuestra Vía Láctea. En un artículo que acaba de publicar la revista Science, los científicos describen cómo lograron detectar una anisotropía, una asimetría en la distribución de las direcciones de llegada de los rayos cósmicos en el momento en el que impactan con la atmósfera terrestre.

Fue así como pudieron determinar que la dirección predominante en el momento de la llegada apunta a una amplia zona del cielo, pero se desvía en unos 90 grados de la dirección que deberían tener si los rayos cósmicos procedieran de nuestra propia galaxia. La distribución de las direcciones de llegada constituye un importante primer paso para averiguar exactamente dónde se originan.

Científicos del MIT predicen la sexta extinción masiva

Científicos del Instituto Tecnológico de Massachusets (MIT) han pronosticado que el incremento de las emisiones de dióxido de carbono desde el siglo XIX puede provocar la temida sexta extinción masiva, un exterminio generalizado de las especies de los seres vivos en todo el mundo. El evento fatal dependerá de que una cantidad crítica de carbono, unas 310 gigatoneladas (es decir, 310.000 millones de toneladas), se introduzca en los océanos, lo que estiman que ocurrirá alrededor del año 2100 debido a la actividad humana. Esto no significa que la extinción vaya producirse un día después del cambio de siglo, sino que por entonces la Tierra entrará en lo que llaman «territorio desconocido». A partir de ahí, la catástrofe ecológica global se producirá en 10.000 años.

Daniel Rothman, profesor de geofísica del Departamento de Ciencias Atmosféricas y Planetarias y codirector del Centro Lorenz del MIT, ha identificado los «umbrales de catástrofe» en el ciclo del carbono. Si se superan, conducirían a un entorno inestable y, en última instancia, a la extinción en masa. La cifra límite calculada por él está en añadir 310 gigatoneladas de CO2 disuelto en los océanos, cantidad que se alcanzará, según los pronósticos del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, en 2100.

«Esto no quiere decir que el desastre vaya a ocurrir el día siguiente», ha dicho Rothman en un comunicado. «Quiere decir que el ciclo del carbono entraría en un reino en el que ya no será estable, y que se comportaría de una forma que sería difícil de predecir». Lo peor es, tal como ha añadido el investigador, que este es precisamente el comportamiento que se asocia con una destrucción increíble en la Tierra: «En el pasado geológico, este tipo de comportamiento se asocia con las extinciones masivas».

El mundo está a punto de entrar en un "territorio desconocido"

Para el año 2100, la atmósfera y los océanos de la Tierra podrían acumular una suficiente cantidad de carbono para causar la sexta extinción masiva de especies en los 10.000 años proximos, advierte el co-director del Centro Lorenz del Instituto Tecnológico de Massachusetts , EE.UU. (MIT, por sus siglas en inglés), Daniel H. Rothman, en un estudio publicado en 'Science Advances'.

En el análisis matemático realizado por el científico, el riesgo consiste en una cantidad crítica de carbono que sobrepase las 310 gigatoneladas (1 gigatonelada = 1.000 millones de toneladas).

Se trata apenas de 10 gigatoneladas por encima de la cantidad de carbono que, en el mejor de los casos, será emitida globalmente en el año 2100, según las previsiones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU. En el más nefasto de los casos, esa cifra alcanzaría las 500 gigatoneladas y superaría excesivamente el umbral crítico.

Rothman sostiene que las más desastrosas consecuencias ecológicas podrían manifestarse en unos 10.000 años, pero que ya a partir de 2100 podría el mundo entrar en un "territorio desconocido".

"Esto no quiere decir que el desastre ocurra al día siguiente. Significa que, si no se controla, el ciclo del carbono se movería hacia un ámbito que ya no sería estable, y se comportaría de una manera difícil de predecir", asegura el investigador. Advierte, eso sí, que "en el pasado geológico, este tipo de comportamiento estuvo asociado con la extinción masiva".

De acuerdo con el experto, cada una de las cinco extinciones masivas anteriores que ha sufrido la Tierra en los últimos 540 millones de años, tuvo lugar cuando se cruzó un "umbral de cambio catastrófico".

Fuente:   DiarioUno

Científicos anuncian que Eurasia se partirá en dos


De acuerdo con una investigación realizada por los científicos del Instituto de Geología y Mineralogía de la Academia Rusa de Ciencias (ARC) y con la Universidad Estatal de Novosibirsk, dentro de 20 millones de años el continente de Eurasia podría quedar partido en dos y el ruso lago Baikal convertirse en un océano. Así lo informa Ciencia en Siberia, un departamento de la ARC.

La zona de rift del lago Baikal, esto es, una enorme división de la corteza terrestre situada bajo la formación lacustre rusa, se está expandiendo gradualmente. 

Los científicos llegaron a la conclusión de que hace alrededor de 6 millones de años la actividad tectónica en la región aumentó de forma brusca. Las montañas comenzaron a tener mayor altitud y las cavidades se hicieron más profundas.

Es la primera investigación en la historia en que se aventura cuándo el continente quedará dividido en dos.

Fuente:  RT Actualidad

Cassini captura algo misterioso en los anillos de Saturno antes de desintegrarse

Una de las últimas imágenes captadas por la sonda Cassini muestra una alteración en el borde del más exterior de los grandes anillos de Saturno (el A), que según los científicos es causada por un objeto cercano al que han bautizado como Peggy, informa Gizmodo.

Aunque hasta ahora se desconoce el origen del objeto, captado por primera vez en 2013, Carl Murray, de la Universidad Queen Mary en Londres (Reino Unido), sostiene que debe tratarse de una densa nube de polvo y escombros que envuelve una luna en fase temprana de desarrollo y que aún no se ha liberado como astro independiente. "Nunca hemos resuelto el enigma", afirmó Murray. "Todo lo que podemos hacer es rastrear el fallo", agregó.

Se estima que Peggy, que tiene un kilómetro y medio de diámetro y es demasiado pequeño para ser visto en las imágenes, está compuesto íntegramente de hielo, tal como ocurre con los espectaculares anillos de Saturno y con otros de sus satélites.

"Cada imagen que obtenemos, en la que pueda estar contenida Peggy, es otro punto de datos que nos ayudará a entender lo que es, dónde está, de dónde viene y a dónde va a ir", llegó a decir el astrónomo.

Murray descubrió a Peggy por casualidad el 15 de abril de 2013, mientras utilizaba la sonda Cassini para obtener una imagen de Prometeo, una luna mucho más grande vinculada al anillo F. En lugar de eso, captó perturbaciones en el anillo A. Una de esas perturbaciones formó un arco 20 % más brillante que las zonas próximas, lo cual sólo podía ser causado por los efectos gravitacionales de un objeto cercano.

La sonda espacial Cassini, de la NASA, se desintegró en la atmósfera de Saturno el 15 de septiembre. En su vuelo de despedida logró transmitir varios últimos datos y fotografías del planeta, tras suministrar en 13 años de actividad más de medio millón de imágenes.

Fuente:   Scoopnest

viernes, 15 de septiembre de 2017

"Puerta a un nuevo y emocionante mundo": hallan un enigmático ADN en cuevas bajo el hielo antártico

Tiene 14 millones km² y alrededor del 98% del lugar está cubierto por una capa de hielo de 1,9 km de espesor medio. Se trata de la Antártida, uno de los lugares más inhóspitos del planeta. Por ello sorprende aún más que aquí un grupo internacional de científicos se haya topado con rastros de vida ignotos para los humanos.

Las secuencias de ADN de estos organismos, que no han podido ser identificadas, fueron halladas por los investigadores en cuevas subterráneas situadas en las inmediaciones del volcán activo más austral de la Tierra, el monte Erebus. 

Calor en Antártida

Los expertos esperan que una investigación más completa permita descubrir nuevas especies. Así lo cree Ceridwen Fraser, de la Universidad Nacional de Australia (Canberra) y coautora de un estudio publicado en la revista académica 'Polar Biology': a su juicio, la Antártida podría albergar plantas y animales pues en las cuevas subterráneas "puede hacer mucho calor", con temperaturas de hasta 25ºC en algunas cavidades cercanas al volcán.

Además, la experta detalla que en la zona se da otro factor necesario para la vida: la luz que hay "cerca de la entrada" del extenso sistema de cuevas. "En algunas cuevas la luz se filtra a más profundidad cuando la capa de hielo es delgada", explica Fraser.  Según la científica, estas condiciones pueden sugerir la existencia de "comunidades enteras de plantas y animales que no conocemos y viven bajo el hielo".

Vida subglacial en los volcanes antárticos

Los volcanes antárticos pueden albergar una abundante vida subglaciar. El investigador de la Universidad de Waikato (Hamilton, Nueva Zelanda) y coautor del citado estudio Craig Cary recuerda cómo en los volcanes se habían descubierto bacterias y hongos. Cary acaricia la esperanza de que los nuevos hallazgos de los científicos supongan que "puede haber plantas y animales más complejos también".

Por su parte, la investigadora de la Universidad de Maine (EE.UU.) y también participante en el estudio Laurie Connell comparte entusiasmo al suponer que la existencia de organismos vivos en las cuevas "abre la puerta a un nuevo y emocionante mundo". Otro factor que incrementa las esperanzas de encontrar vida en la Antártida es la existencia de varios volcanes, lo que hace pensar en que los sistemas de cuevas subglaciales pueden ser comunes.

Fuente:  BBC Mundo
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