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viernes, 12 de enero de 2018

La historia del sándwich que burló los controles de la NASA

 Los comienzos del programa espacial de la NASA no fueron fáciles. Después de los increíbles éxitos soviéticos logrados por el Sputnik y el cosmonauta Yuri Gagarin, el astronauta John Glenn estuvo a punto de morir cuando su pequeña nave atravesaba la atmósfera de la Tierra, y de quedar, tal como dijo: «calcinado y crujiente». 
Pero incluso aunque no ocurrió nada catastrófico en aquellas primeras etapas, los pioneros de la NASA tenían que apañarse con una comida que no le habrían dado ni a sus competidores soviéticos.  Los hombres del programa Mercury, que debía llevar a un americano al espacio, se alimentaban con cubos masticables, polvo liofilizado que devían rehidratar con agua fría, y papillas envasados en tubos de aluminio. 

Con el programa Gemini, el panorama cambió un poco, y la comida comenzó a envasarse en envoltorios de plástico. Por entonces, llegaron los cócteles de gambas, el pollo, las verduras, el «pudding» de mantequilla o la salsa de manzana. A pesar de todo, uno de los astronautas de Gemini decidió saltarse todos los controles de la NASA y colar en la nave un auténtico sándwich de «roast beef» (rosbif, según el DRAE), tal como ha contado Space.com.

El 23 de marzo de 1965 el astronauta John Young, fallecido recientemente el 7 de Enero, y famoso por caminar por la Luna durante la misión Apollo 16 y por comandar la primera misión en transbordador, logró colar un sándwich en su bolsillo. El polizón acompañaba a Young y a Gus Grissom en una misión que debía enviar al espacio la primera nave estadounidense con dos tripulantes, y que se lanzó una semana después de que los soviéticos lograran este hito con la misión Voskhod 2: la Gemini 3. En medio de la tensión de la Guerra Fría y antes de que los motores del cohete Titan II rugieran para llevarlos a las alturas, Young y Grissom mantuvieron una conversación (que se puede leer aquí) sobre el polizón de pan y carne.

«¿Qué es eso?», preguntó Grissom. «Un sándwich de rosbif», contestó Young. «¿De dónde ha salido?», respondió el compañero. «Lo he traído conmigo. A ver cómo sabe. Huele bien, ¿no?». Grissom le dio un bocado para comprobarlo, pero enseguida lo guardó porque el pan empezó a desmenuzarse y a soltar migas por la cabina. «Estaría bastante bien sobre todo si se mantuviera entero». Young, divertido, le preguntó si prefería un muslo de pollo. Después de cumplir con éxito la misión, la revista Life le preguntó a Grissom por el sabor del sándwich, y este recordó cómo las migas flotaron por la cabina en la órbita de la Tierra. Para Young esto fue la oportunidad de que los americanos por fin hicieran algo en el espacio por primera vez, después de los éxitos soviéticos: poner en órbita un sándwich.

Las chanzas no hicieron mucha gracia en la NASA. Un congresista dijo de este sándwich que era el panecillo de los 30 millones de dólares, y varios asesores alertaron del riesgo para la seguridad que habían supuesto las migas de pan. El administrador de la NASA, James Webb, tuvo que testificar. 
 
John Young y Gus Grissom
Después de un proceso de investigación interna, George Mueller, un alto cargo de las misiones tripuladas de la NASA aseguró: «Hemos dado pasos para evitar la recurrencia de los sándwiches de rosbif en las próximas misiones».

Según escribió John Young en sus memorias, aquella historia se exageró demasiado. En gran parte porque al principio del programa espacial era común llevarse sándwiches a las misiones: «De hecho, este sándwich era el tercero en subir a una nave». 
Sea como sea, el culpable provenía de un lugar llamado «Wolfie's Restaurant and Sandwich Shop», un local situado en la playa de Cocoa, en Florida. Al parecer, un compinche de Young llamado Wally Schirra se lo dio a Young, quien lo coló en el cohete y le llevó al estrellato, nunca mejor dicho.

Hoy en día, una réplica recuerda la historia del sándwich en el Museo Memorial de Grissom, en Mitchell, Indiana (EE.UU.), y los tripulantes de la Estación Espacial Internacional se hacen sándwiches y pizzas en la órbita de la Tierra. Chris Kraft, director del vuelo de la misión Gemini 3 defendió en sus memorias el acto de Young: «No importa lo valiente o centrado que sea un astronauta, siempre hay una tensión en los vuelos espaciales que nadie de tierra puede realmente apreciar. Un momento de diversión ahí arriba es muy necesario». Young, que en paz descanse, solo lamentó que el sándwich no era muy sabroso porque no tenía mostaza ni escabeche.

Fuente: ABC

El asteroide calavera volverá a aproximarse a la Tierra en 2018

Tiene un diámetro de entre 625 y 700 metros, es conocido como el asteroide calavera o el asteroide Halloween y ya se aproximó a la Tierra hace dos años. Con esta carta de presentación, el 2015 TB145 volverá a acercarse al planeta en noviembre de 2018, según publica Quartz.

 Si en aquella ocasión el cuerpo celeste se situó a una distancia de 486.000 kilómetros, o lo que es lo mismo, 1,3 veces el trayecto hasta la Luna, esta vez se quedará considerablemente más lejos: a 105 veces la distancia que hay al satélite. Durante su primer acercamiento, astrónomos de todo el mundo trabajaron para determinar sus características. 

"Por una parte utilizamos telescopios ópticos del Observatorio de Sierra Nevada, en Granada, el Observatorio de Calar Alto, en Almería, y el Observatorio La Hita, en Toledo. Por otro lado, lo analizamos con el VISIR del Very Large Telescope (VLT) que tiene el Observatorio Europeo Austral en Cerro Paranal, en Chile", recuerda Pablo Santos-Sanz, del Instituto de Astrofísica de Andalucía. 

De sus observaciones los científicos dedujeron que el 2015 TB145 podría ser en realidad un cometa extinto despojado de sus compuestos volátiles al haber orbitado demasiadas veces alrededor del Sol. Mientras los asteroides suelen tener una composición rocosa metálica, los cometas tienen una proporción más alta de hielo y roca y un tipo diferente de órbita, pero a veces es difícil distinguirlos con claridad.

 Los expertos también determinaron que su periodo de rotación más probable roza las tres horas, aunque es posible que pueda llegar hasta casi las cinco. Con la aproximación del año que viene los astrónomos esperan poder recabar más información sobre este asteroide.

 "Aunque este acercamiento no sea tan favorable seremos capaces de obtener nuevos datos que podrían ayudar a mejorar nuestro conocimiento sobre esta masa y otras masas similares que llegan cerca de nuestro planeta", ha explicado el astrofísico español.


Fuente:   20 Minutos


Qué es el ununenio, el elusivo nuevo elemento químico que buscan sintetizar científicos japoneses

Un equipo de científicos japoneses se ha embarcado recientemente en un proyecto tan fascinante como complejo: se trata de la búsqueda del elemento 119 de la tabla periódica. En 2016, esta tabla presentada por el químico ruso Dimitri Mendeléiev en 1869 sumó cuatro nuevos elementos: el 113 (nihonio), el 115 (moscovio), el 117 (téneso) y el 118 (oganesón).  Y, ahora, el físico Hideto Enyo y su equipo quieren inaugurar la octava fila de la tabla con el elemento llamado —hasta ahora— ununenio (uno uno nueve, en latín), que nadie hasta la fecha ha visto o logrado crear.

Los elementos más livianos, como por ejemplo el helio (2) o el litio (3), se formaron inmediatamente después del Big Bang, hace 13.700 años.  El resto, a partir de una fusión nuclear en el corazón de las estrellas.  Los elementos que tienen un número de protones superior a 26 tienen un origen más dudoso. Y aquellos que son más pesados que el plutonio (94) no existen naturalmente en la Tierra, sino que deben ser sintetizados en el laboratorio.  Esto se debe a que con más de 94 protones, el núcleo del elemento se vuelve inestable.

¿Cómo piensa el equipo japonés crear el elemento 119?

El plan consiste en disparar haces del metal vanadio, de 23 protones, contra un objetivo de curio (96), un elemento pesado creado artificialmente. El experimento se llevará a cabo en un acelerador de partículas cerca de Tokio.  La fusión de ambos, creada a partir de este evento superexplosivo similar a un cataclismo cósmico, daría como resultado el elemento superpesado buscado.

Hasta aquí parece fácil: 23+96= 119.

Nada más lejos de la verdad.  Explosiones como las que se necesitan para crear este elemento son raras y la colisión debe producirse con la cantidad de energía exacta.  Si la energía es débil, los núcleos de ambos elementos rebotarán entre sí y no se producirá la fusión.Si es demasiado fuerte, el nuevo átomo se desintegrará.  Por otra parte, no se sabe cuál es la mejor combinación. Anteriormente, otro equipo probó sin éxito la colisión de un haz de titanio (22) contra un objetivo de berkelio (97).  
Suman 119, pero fue un fracaso.

Además, se trata de experimentos costosísimos que en definitiva, si tienen éxito, logran crear un elemento que se mantienen cohesionado por apenas unas milésimas de segundos.  ¿Será la colisión de vanadio y curio la combinación perfecta para obtener el elemento 119?  El equipo aún no lo sabe. Recién están en la fase inicial de este experimento cuyos resultados pueden producirse en años.

   Fuente:   BBC

Hallan en la Tierra ingredientes para la vida que vinieron del «planeta» Ceres

Uno de los mayores misterios posibles es el de cómo apareció la vida en el Universo, y de si esta es única en la Tierra o si es una realidad presente en infinidad de planetas. Después de décadas de investigación, los científicos han ido poco a poco reconstruyendo la posible historia de sus orígenes. Parece claro que la vida surgió en unas condiciones muy especiales cuando se combinaron ciertas moléculas orgánicas (formadas por esqueletos de átomos de carbono e hidrógeno), que se pueden encontrar hoy en asteroides, cometas o incluso polvo espacial. Además se considera que para ello fue clave la presencia de agua, una molécula que también se crea en el espacio. Entre las muchas dudas que aparecen aquí está la de dónde ocurrió todo esto: ¿las semillas para la vida llegaron a la Tierra gracias al impacto de cometas y asteroides? ¿O bien ya estaban en el planeta? ¿Puede ser, incluso, que la vida viniera de más allá?

Para responder a estas preguntas, los científicos buscan huellas de vida en otros planetas. También reconstruyen las reacciones químicas que la pudieron crear y, a veces, tienen la oportunidad de analizar directamente sus ingredientes esenciales en asteroides y cometas, los restos «arqueológicos» de los orígenes del Sistema Solar. De hecho, un estudio publicado este miércoles en Science Advances ha publicado el hallazgo, por primera vez, de los dos ingredientes esenciales para la vida, el agua y las moléculas orgánicas complejas, en un meteorito. En concreto, han detectado moléculas orgánicas y agua en cristales presentes en dos meteoritos que cayeron en la Tierra en 1998. Quizás lo más curioso es que su origen parece estar en Ceres, un planeta enano del cinturón de asteroides.

«Esta es la primera vez que hemos encontrado materia orgánica abundante asociada con agua líquida», ha dicho en un comunicado Queenie Chan, primera autora del estudio e investigadora en The Open University, en Reino Unido. Según ella, esto «es realmente crucial para entender el origen de la vida y de las moléculas orgánicas complejas en el espacio».Científicos del Departamento de Energía del Laboratorio Nacional de Berkeley (EE.UU.)., de la Open University y de la Universidad Nacional de Yokohama (Japón) han llevado a cabo un detallado estudio químico de unos pequeños cristales presentes en esos meteoritos, a través de sofisticados análisis de rayos X.
Moléculas creadas en Ceres

viernes, 22 de diciembre de 2017

El sorprendente vidrio descubierto por accidente que se repara a sí mismo en 30 segundos cuando se rompe

   Le pasa hasta al más precavido de los mortales: en algún momento, distracción mediante, el celular se escapa de las manos y acaba en el suelo con la pantalla hecha añicos.  

   Reemplazarla suele ser costoso, con lo cual muchos, si tienen la suerte de que el teléfono siga funcionando, prefieren ir por la vida con la pantalla rota. Pero ahora, un equipo de investigadores japoneses parece haber encontrado una solución al problema.

   Liderados por el profesor Takuzo Aida de la Universidad de Tokio, crearon un nuevo tipo de cristal que tiene la capacidad de repararse a sí mismo.  El vidrio, que tiene el potencial de ser utilizado para la pantalla del móvil y otros dispositivos frágiles, está hecho en base a un polímero liviano que recompone sus propias roturas cuando se lo presiona con las manos. A diferencia de otros materiales creados anteriormente que "cicatrizan" solos, este polímero no necesita temperaturas del orden de los 120º C para reorganizar su estructura.  Se repara simplemente presionando manualmente durante 30 segundos, a una temperatura de 21º C.

   Las magníficas propiedades del material fueron descubiertas por azar por el estudiante de posgrado Yu Yanagisawa, cuando estaba trabajando en la creación de un pegamento. Sin querer, Yanagisawa cortó la superficie del polímero. Casi no tuvo tiempo de lamentarse por el incidente, cuando se dio cuenta de que los bordes de la superficie rota se volvían a pegar entre sí.  El joven repitió el proceso para comprobar lo que acababa de descubrir y notó que, además, el cristal recuperaba su firmeza original en un par de horas.

El nuevo polímero, detallan los investigadores en el estudio publicado por la revista Science, es "muy robusto desde el punto de vista mecánico a la vez que puede repararse rápidamente aplicando presión en las superficies fracturadas".  "Espero que el vidrio que se repara a sí mismo se convierta en un nuevo material amigable con el medioambiente, que no hace falta tirar cuando se rompe", le dijo Yanagisawa al medio japonés NHK.

Fuente:   BBC

Los diez grandes descubrimientos científicos de 2017, según Science

Con el final de 2017 llega el momento de recapitular y plantearse cuáles han sido los avances científicos más relevantes y que tendrán mayor proyección más adelante. Por este motivo, la prestigiosa revista Science, ha vuelto a publicar su ránking anual de hitos científicos: la lista revela que, junto al imparable avance de la biomedicina y las herramientas de edición genética, se ha descubierto una nueva especie de primate y se han revelado nuevos detalles sobre el origen del Homo sapiens.

1. Una nueva era en la Astrofísica

El descubrimiento del año es, según Science,la detección de ondas gravitacionales procedentes de la fusión de dos estrellas de neutrones. La historia de este importante avance se remonta, como mínimo, a 2016, cuando se logró la primera detección directa de ondas gravitacionales. Estas son unas perturbaciones predichas por la Relatividad de Einstein, e insinuadas experimentalmente en 1978, que recorren el espacio-tiempo a la velocidad de la luz y que se generan cuando masas muy importantes giran a gran velocidad. Al igual que una piedra arrojada sobre un estanque genera ondas, la masa acelerada a grandes velocidades perturba el espacio-tiempo y genera unas distorsiones que pueden ser detectadas lejos de la fuente. De hecho, 2016 fue el año en que, después de décadas de trabajo, el observatorio de ondas gravitacionales por interferometría de láser (LIGO) fue capaz de medir un ínfimo cambio en el espacio-tiempo en la Tierra provocado por la fusión de dos agujeros negros estelares lejanos.Por entonces, muchos científicos pronosticaron que se acababa de inaugurar una nueva era en la Astrofísica en la que iba a ser posible usar un «nuevo sentido» para asomarse al Universo: desde aquel momento, no solo se podía observar la radiación electromagnética procedente de estrellas o galaxias, aparte de medir la llegada de ciertas partículas, también se iba a poder «escuchar» la huella gravitacional de ciertos eventos poco conocidos o que resultan inaccesibles para los telescopios convencionales. Así, y ya entrado 2017, LIGO, y su contraparte europea, Virgo, colaboraron en la detección de hasta cuatro eventos de fusión de agujeros negros.

¿Cuántas cosas se podrían descubrir sobre el Universo al usar a la vez la «vista» y el «oído»? La respuesta llegó a partir del 17 de agosto de 2017. LIGO y Virgo detectaron una posible señal de ondas gravitacionales. Dos segundos después, el telescopio espacial Fermi, de la NASA, captó un estallido de rayos gamma, una potente emisión de energía cuyo origen es desconocido pero que se sospecha que se origina en la fusión de estrellas de neutrones. Los sistemas automáticos de alerta respondieron, y en cuestión de minutos pusieron en alerta a astrónomos de todo el mundo. Gracias a esto, este fenómeno se convirtió en el evento astrofísico más estudiado de la historia: 70 observatorios del globo y 3.674 científicos de 953 instituciones lo observaron.

El extraño caso del «planeta peludo»

 En nuestra experiencia, todos los planetas de cualquier sistema solar orbitan alrededor de sus soles en un mismo plano, que además coincide con el plano ecuatorial de su estrella. Por supuesto, también las estrellas giran, y sus ejes de rotación suelen estar alineados con los ejes de las órbitas planetarias, dando la impresión de un sistema bien ordenado y estable, en el que cada cosa está donde debe estar.

   Pero la naturaleza puede ser muy caprichosa, tal y como ha podido comprobar un equipo internacional de investigadores de la Universidad de Ginebra, que acaba de encontrar un sistema planetario que está, literalmente, "boca abajo". El hallazgo se acaba de publicar en Nature.  GJ 436 es una estrella que ha hecho correr ya ríos de tinta, ya que alberga un extraño mundo, bautizado por los investigadores como "el planeta peludo" y que tiene la característica de evaporarse como si fuera un cometa. Pero en su estudio, los investigadores revelan que, además de su espesa "cabellera" de gas y polvo, este mundo tiene una curiosa órbita polar, que le lleva a pasar regularmente sobre los polos de la estrella en lugar de girar alrededor de su plano ecuatorial, como sería lo normal.

   La inclinación orbital del planeta, más de cuatro veces la de la Tierra, es la "pieza final" de un rompecabezas que lleva desconcertando a los científicos desde hace diez años. Y es que, a diferencia, por ejemplo, de los planetas de nuestro Sistema Solar, cuyas órbitas forman círculos casi perfectos, la de GJ 436 forma una elipse muy plana y con el centro desplazado. Es decir, que la distancia a su estrella varía a lo largo de su órbita.

"Este planeta -afirma Vincent Bourrier, investigador del Departamento de Astronomía de la Facultad de Ciencias en la Universidad de Ginebra y autor principal del estudio- está sujeto a enormes fuerzas de marea, ya que se encuentra increíblemente cerca de su estrella, apenas a un 3% de la distancia que separa la Tierra del Sol. La estrella es una enana roja, con una esperanza de vida muy larga, y las fuerzas de marea que induce deberían haber dado lugar a que la órbita del planeta se volviera circular, ¡pero no ha sucedido así!"  La historia de cada planeta está escrita en su órbita. De hecho, las arquitecturas orbitales de cada sistema planetario son auténticos registros fósiles que nos dicen cómo esos sistemas se formaron y evolucionaron. Por ejemplo, un planeta que haya sido perturbado por el paso de una estrella cercana o por la presencia de otros grandes mundos en su mismo sistema conservará para siempre esa información en su órbita.  "Incluso si ya hubiéramos visto órbitas planetarias desalineadas -afirma por su parte Christophe Lovis, coautor de la investigación- no necesariamente comprenderíamos su origen, especialmente porque esta es la primera vez que medimos la arquitectura de un sistema planetario alrededor de una enana roja".

   La existencia de otro mundo desconocido, más masivo que GJ 436b podría llegar a explicar por qué su órbita no es circular. "Si esto fuera así -afirma por su parte Hervé Beust, el miembro del equipo que llevó a cabo los cálculos orbitales- nuestros resultados indicarían que no solo el planeta no se movería a lo largo de un círculo alrededor de la estrella, como hemos pensado durante 10 años, sino que también debería estar en una órbita altamente inclinada. ¡Y Eso es exactamente lo que acabamos de medir!" Esos mismos cálculos también predicen que el planeta no siempre estuvo tan cerca de su estrella, sino que se pudo acercar a ella en tiempos recientes (a escala cósmica). Por lo tanto, GJ 436b no siempre habría estado evaporándose, como hace ahora, sino que podría haber sido "empujado" hacia la estrella por la gravedad de un compañero aún no detectado.

   En otras palabras, la caza continúa, Y el siguiente objetivo será, precisamente, identificar a ese misterioso y enorme compañero que fue el responsable de la desestabilización de este lejano sistema solar.


Fuente:   ABC Ciencia

viernes, 15 de diciembre de 2017

La «profecía» del último hombre en pisar la Luna


  «Serán, probablemente, los últimos norteamericanos en lo que queda de siglo que posen sus pies en suelo lunar». Acertaba en su predicción el cronista del diario ABC que narraba cómo el 11 de diciembre de 1972, Eugene Cernan, comandante del Apolo 17, y su compañero Jack Schmitt, piloto del módulo, daban un paseo histórico por nuestro satélite natural. 

El astronauta estadounidense que dirigió la última misión tripulada a la Luna, fallecido el pasado enero a los 82 años, fue también el último en abandonarla y desde ese día nadie más ha estado allí. Pero lo que nadie podía saber entonces es que en el siglo XXI otros astronautas volverán a repetir la hazaña por orden de un presidente de la primera nación del mundo también difícil de imaginar: Donald Trump.

   El mandatario ha pedido a la NASA que los astronautas vuelvan a la Luna, como un paso previo para sentar las bases de un viaje aún más ambicioso: la llegada del ser humano a Marte. Y firmó esa directiva el pasado lunes, justo el día de ese asombroso paseo hace ya 45 años, en el que Cernan recolectó muestras geológicas para estudiar el origen de la Luna. Durante 22 horas, el comandante y su compañero Jack Schmitt recorrieron 35 km. Cuando Cernan regresó al vehículo, pronunció unas palabras no tan famosas como las de Neil Armstrong en julio de 1969, pero a las que hoy se les puede dar todo el sentido: «El desafío de Estados Unidos de hoy ha forjado el destino del hombre del mañana».

   El Apolo 17 fue enviada al espacio el 7 de diciembre de 1972 y el alunizaje se produjo cuatro días más tarde. Bien entrada la madrugada en España, la nave posó sus cuatro patas en un profundo valle de la esquina del mar de la Serenidad, solo 100 metros del punto exacto previsto y sin ningún problema. Y aunque Cernan comunicó a Houston que les quedaba poco combustible, era una falsa alarma: solo se había consumido la mitad del que disponían para el descenso.

La NASA descubre el primer sistema estelar con el mismo número de planetas que el nuestro

   Es el mayor número de mundos descubiertos en un sistema planetario fuera del nuestro. Hasta el momento, los científicos sólo conocían la existencia de siete planetas alrededor de la estrella conocida como Kepler-90 que es un poco mayor que el sol y más caliente.  El octavo planeta - que es ardiente y rocoso - órbita alrededor de la estrella Kepler-90 que se encuentra a 2.545 años luz de distancia. Al igual que la Tierra, este nuevo planeta se ubica en la tercera posición desde su sol, pero está mucho más cerca de él y, por lo tanto, tiene una temperatura de 427 grados Celsius (800 Fahrenheit) en la superficie.

   Los ocho planetas están alrededor de Kepler-90 y orbitan mucho más cerca de él que la Tierra de nuestro Sol. Por ahora, esto convierte a Kepler-90 en la primera estrella en albergar tantos planetas como nuestro Sistema Solar. El descubrimiento se realizó gracias a la cooperación entre NASA y Google. Google utilizó datos recopilados por el cazador de exoplanetas de la NASA, el Telescopio Espacial Kepler, para desarrollar un programa de inteligencia artificial con el fin de buscar señales planetarias que a los humanos les pasarían desapercibidas.

   Se cree que es la primera vez que una red neuronal artificial como esta es utilizada para hallar un nuevo planeta. "Este es realmente un descubrimiento emocionante y lo consideramos una prueba exitosa del concepto de usar redes neuronales artificiales para identificar planetas, incluso en situaciones difíciles donde las señales son muy débiles", dijo Christopher Shallue, ingeniero desarrollador de software de Google.  Por su parte, Andrew Vanderburg, de la Universidad de Texas en Austin, dijo: "El sistema de la estrella Kepler-90 es como una mini-versión de nuestro Sistema Solar. Hay pequeños planetas en el interior y planetas grandes en el exterior, pero están más apretujados".

   En las últimas décadas el telescopio Kepler ha encontrado alrededor de 3500 exoplanetas y ha demostrado que las estrellas con sistemas planetarios orbitando a su alrededor son más frecuentes de lo que se pensaba.


Fuente:   BBC

La Voyager I activa con éxito sus propulsores tras 37 años

Si intentamos arrancar un coche que ha estado parado en un garaje durante décadas, podemos dar por seguro que el motor no responda. Sin embargo, un grupo de propulsores a bordo de la sonda espacial Voyager 1 se ha encendido con éxito tras 37 años sin ser utilizado.

La Voyager 1, la nave más lejana de la Tierra y la más rápida, es el único objeto fabricado por el ser humano que ha alcanzado el espacio interestelar. La nave, que ha estado volando durante 40 años, depende de unos pequeños propulsores para orientarse de manera que pueda comunicarse con la Tierra. Estos propulsores se encienden emitiendo diminutos pulsos o "ráfagas", que duran apenas milisegundos, para hacer girar de forma sutil el vehículo de modo que su antena apunte hacia nuestro planeta. Ahora, el equipo de las Voyager ha conseguido utilizar en la 1 un grupo de cuatro propulsores de reserva, que han permanecido dormidos desde 1980.

Suzanne Dodd, del equipo de las Voyager en la NASA, estima que con estos propulsores que se hallan aún funcionales después de 37 años sin utilizar, será posible extender la vida útil de la nave en dos o tres años. Desde 2014, los ingenieros han apreciado que los propulsores que la Voyager 1 ha estado utilizando para orientarse, denominados técnicamente "propulsores de control de posición", se han ido degradando. Con el paso del tiempo, estos requieren más ráfagas para proporcionar la misma cantidad de energía. Pero a 21.000 millones de kilómetros de la Tierra, no tenemos un taller de reparación cercano para ajustarlos.

El equipo de la Voyager reunió un grupo de expertos en propulsión en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, en Pasadena, California, para estudiar el problema. Chris Jones, Robert Shotwell, Carl Guernsey y Todd Barber analizaron las opciones y pronosticaron cómo respondería la sonda en diferentes escenarios. Estuvieron de acuerdo en una solución inusual: intentar otorgar el trabajo de orientación a un grupo de impulsores que había permanecido inactivo durante 37 años. 
Los miembros del equipo desenterraron datos de hace décadas y examinaron el software, el cual fue codificado en un obsoleto lenguaje ensamblador, para asegurarse de que podrían probar de forma segura los impulsores.

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