miércoles, 27 de julio de 2016

El misterio de los cráteres ausentes de Ceres, resuelto

Ceres va revelando lentamente las respuestas a sus muchos misterios. Ceres, el mayor asteroide del sistema solar con sus 950 km de diámetro, era hasta hace poco un enigma que se resistía incluso a la "mirada" del Telescopio Espacial Hubble. Pero la sonda Dawn, una misión espacial creada en el marco del Discovery Program de NASA, está arrojando algo de luz. Esta misión fue concebida con el objetivo principal de desvelar los procesos que han originado los mayores asteroides del cinturón principal, Ceres y Vesta, embriones planetarios que escaparon de las grandes colisiones que que originaron los planetas. A finales del pasado año, el planeta enano, el objeto más grande del cinturón principal de asteroides, situado entre Marte y Júpiter, desveló el misterio de las intrigantes manchas blancas brillantes que se observaban en su superficie. Se trataba del reflejo de agua helada que provoca nubes de bruma, probablemente hechas de hielo y partículas de polvo, que aparecen y desaparecen a un ritmo diurno.

Pero otro nuevo enigma reta a los científicos de la Nasa. ¿Por qué Ceres no tiene grandes impactos de asteroides, como sería de esperar? Cuando la nave espacial Dawn de la NASA llegó a la órbita del planeta enano en marzo de 2015, los científicos esperaban verlo lleno de cráteres, como ocurre con el protoplaneta Vesta, escala anterior de la nave Dawn. Sin embargo, cuando la nave se acercó, lo que llamó la atención fue precisamente la ausencia de grandes huellas de impactos.

"Cuando empezamos a ver las imágenes de Ceres, nos dimos cuenta de que no había grandes cuencas de impacto en su superficie. Ninguno de los cráteres es mayor de 285 kilómetros de diámetro. Esto es un misterio, porque Ceres debe haber sido golpeada por asteroides de gran tamaño muchas veces a lo largo de su 4,5 millones de años de historia. Incluso Vesta, con la mitad del tamaño de Ceres, tiene dos grandes cuencas en su polo sur. Pero en Ceres, todo lo que vimos fue la cuenca del Kerwan, de 285 kilómetros de diámetro solo" señala David Williams, director del Centro de Ronald Greeley de Estudios Planetarios de la Universidad de Arizona.

Algo ha debido de ocurrir en Ceres que ha eliminado las señales de los grandes impactos. ¿Pero qué? Las simulaciones de choques de asteroides con Ceres predecían que debería tener de 10 a 15 cráteres de más de 400 kilómetros de diámetro, y al menos 40 cráteres de más de 100 kilómetros. Sin embargo, las imágenes enviadas por Dawn mostraban sólo 16 cráteres de más de 100 kilómetros, y ni rastro de los cráteres gigantes. ¿O tal vez sí?

Las imágenes de Dawn muestran tres depresiones llamadas planicies, cuyo diámetro llega a los 800 kilómetros. Y esas depresiones, en las que hay cráteres más recientes, puede ser la huella de los impactos más grandes. Una de ellas, llamada Vendimia, es un área en expansión al norte de la cuenca del Kerwan, el cráter mayor de Ceres. Y se especula que debe haberse formado mucho antes que Kerwan. Todo apunta a que la evolución geológica de este pequeño planeta posiblemente ha ido borrando las grandes cuencas que delataban los impactos sufridos a lo largo de sus 4.500 millones de años de historia. "Es como si Ceres curase sus propias cicatrices de grandes impactos y regenerara su superficies una y otra vez", señalan los científicos.

Pero qué pudo eliminar los grandes cráteres y cuencas de Ceres. Si la corteza del planeta enano contenía una gran proporción de hielo -especialmente mezclada con sales– se favorecería que el relieve se suavizase con el paso del tiempo e incluso que desapareciera los bordes de los cráteres. Además, apuntas los investigadores, Ceres debe haber generado un cierto calor interno por la desintegración de elementos radiactivos después de su formación. Esto podría haber ayudado también a suavizar o borrar los rasgos topográficos de las colisiones a gran escala.

"Además, hay una evidencia de criovulcanismo, o vulcanismo helado, en los puntos brillantes que se encuentran dispersos en Ceres, especialmente en el cráter Occator". El criovulcanismo es un fenómeno relativamente común en el Sistema Solar en cuerpos con una temperatura muy baja, como ocurre en las lunas de los planetas exteriores. Estos volcanes, en vez de lava fundida, expulsan agua o salmuera, procedente del hielo fundido.

Los científicos creen que los grandes cráteres "ausentes" de Ceres pueden haber sido borrados con el tiempo por una capa rica en hielo del subsuelo profundo que hizo que los bordes de los cráteres y cuencas se difuminasen. También la criolava pueden haber fluido a través de la superficie. Por ejemplo, Occator, el punto brillante central, tiene la forma de cúpula característica de haber entrado en erupción o haber sido empujado hacia arriba desde abajo, destacan.

La NASA planea que Dawn continúe en órbita de Ceres para ver cómo el planeta enano se sitúa en su punto más cercano al Sol, en abril de 2018. Los científicos quieren ver si el calor solar provoca el aumento de cualquier actividad o produce cambios detectables en la superficie de Ceres.

Fuente: ABC

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